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¿Cómo aprendemos a bailar para nuestra boda?

Aprender a bailar para tu boda

Cuánto tiempo antes empezar, por qué una coreografía memorizada falla el día, y cómo elegir la canción del primer baile.

La respuesta corta: dos o tres meses, y sin coreografía

Para el primer baile de una boda no hace falta saber bailar: hace falta una canción que se pueda repetir sin pensarla. Eso se consigue con unas pocas clases particulares repartidas en dos o tres meses, no con un curso largo.

Dos meses antes es cómodo. Un mes es suficiente si la canción es lenta y se practica algo en casa. Dos semanas también se resuelve, pero ahí ya se trata de salir del paso, y se nota.

Clase particular y clase de grupo no son lo mismo

Son dos compras distintas y conviene saber cuál se está haciendo. Una clase particular trabaja sobre la canción elegida, con las dos personas concretas que van a bailar, y es lo que resuelve el primer baile. Cuesta varias veces lo que una clase de grupo, y para esto lo vale.

Una clase de grupo enseña a bailar salsa o bachata con cualquiera, rotando de pareja. No prepara el primer baile, pero es lo que hace que las horas de fiesta que vienen después sean divertidas. Muchas parejas terminan haciendo las dos cosas.

La canción decide casi todo

Conviene llevar la canción elegida a la primera clase, porque todo lo demás se arma sobre ella. Lo que la hace fácil es un tempo estable y medio: ni tan lenta que haya que inventar relleno, ni tan rápida que no dé tiempo a nada.

Lo que la complica, y casi nadie lo piensa al elegirla: las introducciones sin pulso claro, los cambios de tempo a mitad y la duración. Cinco minutos es muchísimo tiempo delante de todo el mundo. Se corta, y se corta antes de empezar a ensayar, no después.

Lo que falla el día de la boda

La coreografía memorizada es lo primero que se cae, y no por falta de ensayo: el vestido pesa distinto, el suelo es otro, hay mucha gente mirando y uno de los dos se adelanta. Si lo único que hay es una secuencia aprendida de memoria, cuando se salta un paso no queda nada debajo.

Lo que sí aguanta es un paso básico que se pueda repetir una y otra vez y una vuelta sencilla que salga sin mirarse. Con eso, un error deja de ser un error: se vuelve al básico, se sigue y nadie se entera. Vale la pena pedirlo así desde la primera clase.

Cuatro cosas que se olvidan

Ensayar con los zapatos de la boda, y no el día antes. Un tacón que no se ha usado cambia el peso y el equilibrio por completo.

Ensayar con algo largo si el vestido es largo: una falda vieja o una sábana sirven. El pie de quien guía pisa la tela, y eso se aprende tropezando una vez en casa en vez de delante de los invitados.

Decidir cómo se entra y cómo se sale. El principio y el final son lo único que la gente recuerda, y son lo que menos se ensaya.

Y practicar una vez sin música. Si el paso se sostiene en silencio, la música deja de ser una muleta.

Y después del primer baile hay una fiesta

Esto es lo que casi nadie tiene en cuenta cuando busca clases para la boda: el primer baile dura tres minutos y la fiesta dura toda la noche. Las parejas que mejor se lo pasan en su propia boda no son las que llevaban la mejor coreografía, son las que para entonces ya sabían bailar un poco de otra cosa.

Si queda tiempo, unas semanas de clases de grupo antes de la fecha cambian esa parte entera. Casi todas las academias dan las dos cosas, y cómo elegir academia y ir a clases en pareja cuentan cómo es por dentro. Para probar antes de pagar nada, en la agenda hay fiestas que abren la noche con una clase corta incluida en la entrada.

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