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¿Cuánto se tarda?

Cuánto se tarda en aprender a bailar

Qué se consigue en la primera clase, en un mes y en un año, y por qué casi nadie deja de bailar por falta de talento.

La primera clase ya sirve para algo

En una hora se aprende el paso básico de bachata y se entiende el de salsa. No es una promesa optimista: son cuatro y ocho tiempos, y el cuerpo los repite antes de que la cabeza los entienda.

Lo que no se consigue en esa hora es bailar con alguien a quien no conoces, con música que no eliges y sin que el profesor cuente en voz alta. Eso es otra cosa y llega después.

Un mes: bailar una canción entera sin pensarla

Con una clase por semana y un social de vez en cuando, lo normal es que al mes ya se aguante una canción de bachata de principio a fin: el paso, un par de giros y el cambio de peso sin mirarse los pies.

En salsa ese mismo mes da para menos, porque antes hay que quedarse dentro del tiempo cuando la música acelera. No es peor: es que tiene un escalón más al principio.

El factor que más manda aquí no es el talento ni la edad: es cuántas veces sales a bailar. Dos clases por semana sin pisar nunca un social avanzan menos que una clase y una noche bailando.

Seis meses: dejas de contar y empiezas a escuchar

Hacia el medio año aparece el cambio que de verdad importa: dejas de contar el tiempo y empiezas a oírlo. A partir de ahí puedes bailar con cualquiera, porque ya no dependes de que tu pareja lleve tu mismo repertorio.

También es cuando se nota quién fue a bailar y quién sólo fue a clase. El repertorio se aprende en clase; la conexión, la pista y el saber leer a otra persona sólo se aprenden bailando con desconocidos.

Un año y en adelante

Al año se baila con soltura y se disfruta cualquier noche. Lo que no pasa es que se acabe: quien lleva diez años sigue puliendo el peso, la musicalidad y el cómo se guía, y eso es precisamente lo que hace que siga yendo.

La bachata se disfruta antes y la salsa se estudia más tiempo. Las dos se aprenden igual de bien: lo que cambia es cuándo llega el primer resultado.

Por qué la gente lo deja, que no es por talento

Casi nadie deja de bailar porque no le salga. Lo deja porque la primera noche se sintió observado, porque fue una vez cada tres semanas y cada vez empezaba de cero, o porque eligió una academia donde no conoció a nadie.

Las tres se arreglan igual: ir seguido durante seis u ocho semanas, y en un sitio donde la gente se quede después de la clase. La constancia en ese tramo corto vale más que cualquier aptitud.

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